• BIENESTAR INFANTIL

LA GESTÓN DEL TEMOR ANTE LA CRISIS DEL COVID-19.

Actualizado: abr 14


¡Hola de nuevo! ¿cómo van afrontando la semana?


Como saben, en el anterior post, DERECHOS DE LA INFANCIA. ¿Cómo pueden protegerlos las familias ante esta crisis?, abordamos reflexiones para la Promoción del Bienestar Infantil ante las circunstancias que nos abordan y, en concreto, profundizamos sobre el foco de atención en estos días: “la cobertura del Derecho a la Salud de nuestros/as hijos e hijas”.


Nos planteábamos la necesidad de, además de dar respuesta a los retos que nos plantea la protección y prevención ante el COVID- 19, prestar atención a las necesidades emocionales que puedan surgir en los niños y las niñas, sondeando para ello los miedos y temores que esta situación les pudiera estar generando. No se trata de hacer terapia con nuestros/as hijos e hijas, pero si indagar que están sintiendo estos días y cómo lo están llevando.




Hoy en el equipo nos planteamos ¿cómo podemos gestionar el miedo o el temor de nuestros hijos y nuestras hijas ante esta situación? Aunque se nos ocurre que quizá debamos hacernos estas dos reflexiones previas:



¿Nos hemos planteado cómo estarán digiriendo los niños y las niñas esta situación?
¿Tenemos conocimiento acerca de si en ellos y ellas se están generando miedos o temores?

Esta situación nos exige a las personas adultas adquirir competencias para la gestión y regulación de nuestros propios temores. La mayor ayuda que podemos dar en estos momentos a nuestros/as hijos e hijas ante la aparición de sus temores, es un modelo de comportamiento ajustado a estas circunstancias.



Te pedimos que realices un parón para revisar como estás viviendo esta situación, que revises las estrategias que estás empleando para hacer frente a esta crisis. Analiza si en tí se han despertado miedos y temores, y de ser así, haz el esfuerzo de identificarlos. En ocasiones, escribir puede ayudar en este ejercicio de revisión personal.  
  
 

Es normal experimentar emociones en estos momentos; lo anormal, sería no sentir o que esta situación nos sea indiferente. Y es precisamente normal porque SOMOS SERES EMINENTEMENTE EMOCIONALES. Las emocionalidad obedece a nuestra más profunda naturaleza humana, aunque no es sentir lo que nos hace humanos, sino saber que sentimos y poder expresarnos de manera consciente desde estas emociones, y además, comunicarlas e influir conscientemente en las emociones de otras personas.


Pero siendo esta nuestra más profunda señal de humanidad, ¿POR QUÉ EN OCASIONES NOS RESULTA TAN COMPLEJO CONTROLAR NUESTRAS EMOCIONES?


Sin ser expertas en absoluto, sí podemos anticipar que la neurociencia tiene respuestas para esto. LAS EMOCIONES TIENEN UN ORIGEN PROPIAMENTE ADAPTATIVO. Las emociones son respuestas instintivas a las que posteriormente se impone la razón. Nuestro cerebro reconoce rápidamente los instintos emocionales, pero el procesamiento cortical es más lento.


¿Imaginemos qué pasaría si ante esta situación no experimentáramos miedo o temor?

El reconocer o razonar que estamos ante una situación potencialmente peligrosa, nos permite adoptar medidas para protegernos. Las emociones, en este caso el temor/miedo, tienen un carácter adaptativo en el que prima una función de supervivencia que nos permite descubrir inseguridades y debilidades, así como evitar el riesgo y procurar la protección propia y la de las demás personas.


Pero es cierto que, en ocasiones las emociones pueden desregularse, y más en una situación como la que nos aborda. A esto debemos sumarle la variable de un contexto virtual que bombardea incesantemente información, en ocasiones no fundamentada, que incrementa la incertidumbre. ¿Cuándo diríamos que el miedo, se ha convertido en una emoción desadaptativa?. Cuando no podemos regularlo, si en esta situación el miedo nos bloquea hasta el punto que nos limita a la hora de adoptar medidas de protección y prevención y si nos invade la ansiedad y nos paraliza. Es normal sentir ansiedad como medio de activación para prepararnos y protegernos, pero demasiada influye negativamente a tal fin.


La creencia rápida o popular es que la razón modula o cambia la emoción, pero esto es un pensamiento erróneo. En estos días se repiten mensajes de calma, decir que tengamos calma ante una situación como la que nos ocupa de poco sirve, ésta no es una estrategia precisamente eficaz. El psicólogo Roberto Aguado afirma "una emoción la cambia otra emoción"


En este caso, siguiendo la propuesta didáctica de Antonio Rodríguez, profesor de la Universidad de la Laguna para el abordaje educativo de las emociones, reflejada en su libro “EducaEMOción”, es necesario reciclar las emociones; no podemos desprendernos de este temor pero si trabajar sobre él, es posible modificar un estado emocional desajustado en otro más adaptativo, pero ¿cómo podemos conseguirlo?


El autor nos propone poner en marcha estrategias compensatorias, sustitutivas o de transformación afectiva. En el caso concreto de la situación que nos aborda podemos regular el miedo/temor propio y de los miembros de nuestra familia, generando actuaciones que evoquen otras emociones que nos ayuden al equilibrio y regulación: las más útiles en este caso serian la seguridad, el amor, la esperanza...




Casi de manera instintiva han surgido iniciativas sociales para promover esperanza: las ventanas en estos días se están llenando de arcoiris junto al lema “todo va a salir bien”, y estamos seguros/as que puedes rescatar muchísimas más de ellas. En estos días nuestros/as hijos e hijas y nosotros/as mismos/as debemos tener más presente el desarrollar muestras de amor, pues es el amor la emoción más potente y transformadora, sin embargo, es cierto que en ocasiones el amor no es suficiente, en esta situación es imprescindible que nuestros/as hijos e hijas se sientan no sólo queridos/as, sino también seguros/as.


Es necesario construir un espacio de seguridad que permita que los niños y las niñas nos vayan comunicando el transitar de sus emociones. Pero ¿Estamos construyendo un espacio seguro para comunicarlos?

El primer paso para construir este espacio de comunicación es la PRESENCIA, pero esta presencia requiere de matices, no es un estar por estar, se requiere:


-Una presencia abierta, que expresa a los/as hijos e hijas nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras propias herramientas y estrategias para lograr superar el miedo y el temor. Las personas adultas debemos dar el paso hacia la comunicación, comunicando.


- Un presencia que valida, que entiende el miedo y el temor como emoción natural ante esta situación, que no censura, que no coharta.


- Una presencia que está en el aquí y ahora, en lo que está sucediendo en el día a día de nuestro hogar, centrada en el hoy: aquí y ahora estoy contigo y solo contigo.


- Una presencia calmada que no estimula el miedo, que no centra la atención exclusiva en esta crisis y desde la alarma, que por ejemplo que evita tener las noticias puestas en el televisor las 24 horas o hablar del tema constantemente.


- Una presencia honesta, que no niega los peligros de la situación, pero que busca un equilibrio realista, ofreciendo también datos de las personas se están recuperando o de las personas que aun padeciendo la enfermedad no se encuentran del todo mal.


- Una presencia vigilante, que protege de poner el foco en la información más dolorosa (datos de fallecidos) o que pueda prestarse a no ser bien interpretada.


- Una presencia auténtica, donde los niños y las niñas puedan reconocer a las madres y a los padres o aquellas personas que les quieren y les cuidan.


¿QUÉ IDEAS SE TE OCURREN? ¿TE ANIMAS A COMPARTIRLAS?


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