• BIENESTAR INFANTIL

DERECHO A LA EDUCACIÓN. LA FAMILIA, MAESTROS/AS ACCIDENTALES.

Actualizado: abr 1

Una de las situaciones que nos ocupan derivadas de esta crisis sanitaria, además de la prevención y condiciones de salud de nuestros/as hijos e hijas, es la respuesta ante su Derecho a la Educación. En muchas familias esta respuesta está generando más de un quebradero de cabeza, entre algunas de ellas las de las que suscriben estas palabras.




Independientemente de las condiciones que atravesamos, la educación y la estimulación cognitiva en general, es una necesidad para el desarrollo y bienestar de nuestros hijos o hijas.





La Convención de los Derechos del Niño establece que “Todos los niños tienen derecho a una educación” y en los principios fundamentales que vertebran esta Norma Internacional se establece que, con independencia de las condiciones de nuestros hijos e hijas (raza, edad, género, nacionalidad, capacidad económica, etc), deben ser sujetos de los derechos que ésta contempla en general, y del derecho a la educación en particular.

El 16 de marzo de 2020, la declaración del Estado de alerta sanitaria supuso la imposibilidad de la enseñanza presencial, relegando a los niños y a las niñas al ámbito privado de los hogares.


Pero…


¿Con qué herramientas contamos los padres y las madres, ahora convertidos/as en los accidentales maestros/as, para dar respuesta a las necesidades educativas de nuestros/as  hijos e hijas?

¿Con qué herramientas cuenta la escuela para dar respuesta a su misión ante esta situación?

La respuesta a estos interrogantes nos sugieren respuestas razonables pero profundamente complejas: la conciliación familiar y laboral y la necesidad de un armónico binomio familia-escuela.


Si bien, en fechas no muy alejadas, la conciliación laboral y familiar se tornaba un reto, en estos momentos es una exigencia. La familia se ha convertido en estos días en el más próximo garante del bienestar de los niños y las niñas. Determinadas funciones que hasta hace unos días podían ser relegadas, ahora suponen un reto que afrontar en solitario: el proceso de enseñanza – aprendizaje que recae con mayor peso en la familia; supervisar, apoyar, explicar, dotar de medios, animar, etc.


Esta situación está visibilizando carencias de nuestra sociedad actual no superadas. Una situación que en estos días se está haciendo muy patente es la todavía brecha digital. Ante la no presencialidad de la escuela, la virtualidad se ha tornado como la alternativa más lógica. En casos donde esta posibilidad no es viable, los correos electrónicos y las aplicaciones de los centros escolares han comenzado a echar chispas.




Esta es una nueva realidad que afrontar ante una situación que de por si es estresante y genera inquietud, imaginemos sumando el enfrentarnos a la responsabilidad de dar respuestas a las demandas de la escuela y las necesidades educativas de nuestros/as hijos e hijas. Pero más allá del efecto novedoso de este nuevo modelo de aprendizaje, está la disposición de las familias a los medios que estos modelos requieren: competencias digitales, disposición de equipamiento informático e incluso la posibilidad del acceso a internet. Los grupos de padres y madres vía whatsapp en estos días evidencian las dificultades que tienen para poder dar respuestas ante algunas de las demandas que plantea la escuela; muchas familias no disponen de ordenadores, impresoras, correos electrónicos o no han adquirido las competencias necesarias para su uso.


Sumemos que la situación de confinamiento dificulta articular fuentes de ayuda para dar respuesta a estas carencias: salimos a imprimir, salimos a comprar, solicitamos ayuda a la vecindad o familiares, acaparamos dispositivos informáticos de amigos/as y familiares, bibliotecas públicas, etc.


¿Has sido testigo de esta situación? 
¿De qué herramientas para superar esta dificultad has podido ser testigo o protagonista?

Otra de las situaciones que podemos plantearnos es si la escuela, y nuestra realidad en general, estaba preparada para dar respuestas desde la no presencialidad. En este caso hemos sido testigos de mucha disparidad en las respuestas aportadas por los centros educativos ante esta nueva situación. La innovación tecnológica no ha llegado a todas la escuelas, se observan diferencias territoriales en las respuestas y diferencias en las dinámicas particulares de los y las docentes. Se trata de una revolución que requiere de tiempo para preparar, asimilar y recursos para impulsar, pero desde luego hoy en día constituye una respuesta desigual que genera desigualdad.


Tras esta situación, son múltiples las personas que han pasado a desarrollar su desempeño laborar desde la modalidad del teletrabajo; o personas que siguen dando respuesta a sus demandas laborales en las condiciones previas, pero expuestos a mucho mas estrés u otras familias que atraviesan el estrés de la incertidumbre laboral; condiciones, todas ellas, que dificultan el acompañamiento en las demandas que la escuela exige a los niños y las niñas, y que en general, pueden tambalear nuestro sistema de valores y prioridades. Debemos ser conscientes que estamos ante una situación extraordinaria que requerirá de medidas extraordinarias, pero sobre todo llenas de creatividad y flexibilidad.


Los nuevos procesos requieren nuevos aprendizajes y ante las situaciones de crisis debe imperar la flexibilidad, la divergencia, la creatividad y sobre todo la comprensión y la empatía.

Seguramente con el talante de ayuda, las redes sociales en general, se han llenado de un sinfín de recursos didácticos que, no si es el caso de toda la población pero al menos sí el de estas que escriben, nos llenan de ansiedad. Nos vemos sumergidos en un sinfín de recursos que en ocasiones nos generan la responsabilidad de al menos ojear, porque evidentemente nadie desea que tras esta situación nuestros hijos e hijas caigan en desventaja.



¿Pero cómo discernir entre unos recursos y otros?¿Cómo saber cuáles de ellos pueden dar mejor respuesta a las demandas curriculares?


Es posible que ante esto, caigamos en la trampa de lo que frecuentemente vemos en los campo de juego; familiares que creen tener más nociones o conocimientos sobre técnicas deportivas, bombardeando a sus hijos e hijas de pautas e indicaciones, volviendo así locos a los niños y niñas del campo de juego que no saben ahora si mirar a la persona encargada de su entrenamiento o a la grada desde donde indica papa o mamá.


Por ello, ante esta situación, te invitamos a poner la mirada en el docente de tu hijo e hija, son ellos los que llevan el timón de su proceso de enseñanza aprendizaje y a que promuevas la autonomía de tus hijos e hijas en la realización de tareas. La función de las familias es la de acompañar y apoyar, y no dirigir el proceso de enseñanza aprendizaje curricular. Quizá puede ser una buena oportunidad para que las familias y la escuela estrechen posturas, aumenten la colaboración y coordinación. Puedes y tienes derecho a trasladar desde la honestidad a los docentes referentes de tus hijos y/o hijas como te estás sintiendo, cuales son las dificultades con las que cuenta tu familia para dar respuesta a las demandas planteadas y la dudas en los procesos; recuerda que también ésta es un situación nueva en la que para ellos y ellas sin duda también está suponiendo la superación de nuevos retos.


La comunicación y la empatía familia-escuela en este caso serán las principales herramientas para llegar a buen puerto la misión de dar continuidad al derecho a la educación de nuestros hijos e hijas.

No deja de rondarnos una pregunta, ¿En esta situación estamos contando con la potencialidad y la genialidad de la infancia? Las personas adultas, la sociedad en general, se encuentra inmersa en articular respuesta ante esta necesidad de la infancia, al margen de la infancia; incluso nosotras ahora mismo acabamos de tomar conciencia de que a lo largo de este argumentario no hemos hecho más que visibilizar las dificultades propias como madres para dar respuesta al derecho a la educación en esta peculiar situación, pero:



¿Hemos contado con la opinión de niños y niñas al respecto?
¿Cuáles son las necesidades más imperiosas para ellos y ellas en esta situación?
¿Le otorgan sentido al aprendizaje curricular en estos momentos?
¿Cuáles son las principales dificultades que están encontrando ante las demandas de la escuela? 
¿Qué ideas o propuestas se les ocurren a los niños y las niñas para superar estas dificultades?


No se trata de que las familias anticipemos las respuestas, en esta ocasión, insistimos en que inicies conversaciones con tus hijos e hijas para obtenerlas.


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